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#NOVENAMUNDIAL Día 4

Día 4_f

#NovenaMundial Día 4

Puedes checar más detalles en FOROS DE LA VIRGEN

Muchas gracias por unirte en oración!

Día 4

Oremos…

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Oh Jesús, a tu corazón confío ( el mundo, mi país, mi comunidad, a mi familia…yo mismo), míranos, después haz lo que tu corazón te diga; deja obrar a tu corazón.

Oh Jesús, yo cuento contigo, yo me fío de Tí,  yo me entrego a ti, yo estoy seguro de Tí.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Tí Confío ( nueve veces)

Oh Jesús que has dicho:

“Si quieres agradarme, Confía en Mí;

si quieres agradarme más, confía más;

si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente;

las almas confiadas son las robadoras de mis gracias”

Yo confío inmensamente en Tí, En Ti Señor, espero; no sea yo confundido eternamente. Amen.

#NovenaMundial Día 2

Día 2_F3

#NovenaMundial Día 2

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Muchas gracias por unirte en oración!

Día 2

Oremos…

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Oh Jesús, a tu corazón confío ( el mundo, mi país, mi comunidad, a mi familia…yo mismo), míranos, después haz lo que tu corazón te diga; deja obrar a tu corazón.

Oh Jesús, yo cuento contigo, yo me fío de Tí,  yo me entrego a ti, yo estoy seguro de Tí.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Tí Confío ( nueve veces)

Oh Jesús que has dicho:

” Si quieres agradarme, Confía en Mí;

si quieres agradarme más, confía más;

si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente;

las almas confiadas son las robadoras de mis gracias”

Yo confío inmensamente en Tí, En Ti Señor, espero; no sea yo confundido eternamente. Amen.

 

PADRE NUESTRO, reflexión

Reflexión de  San Luis María Grignion de Montfort sobre las oraciones que componen el Santo Rosario.

San Luis María Grignion de Montfort

San Luis María Grignion de Montfort

Cuando rezamos esta divina oración, realizamos tantos actos de las más sublimes virtudes cristianas como palabras pronunciamos.

Al decir: Padre nuestro que estás en los cielos, hacemos actos de fe, adoración y humildad.

Al desear que su nombre sea santificado y glorificado, manifestamos celo ardiente por su gloria.

Al pedir posesión de su Reino, hacemos un acto de esperanza.

Al desear que se cumpla su voluntad en la tierra como en el cielo, mostramos espíritu de perfecta obediencia.

Pidiéndole que nos dé el pan nuestro de cada día, practicamos la pobreza según el espíritu y el desapego de los bienes de la tierra.

Al rogarle que perdone nuestros pecados, hacemos un acto de contrición.

Al perdonar a quienes nos han ofendido, ejercitamos la misericordia en la más alta perfección.

Al implorar ayuda en la tentación, hacemos actos de humildad, prudencia y fortaleza.

Al esperar que nos libre del mal, practicamos la paciencia.

Finalmente, al pedir todo esto no sólo para nosotros, sino también para el prójimo y para todos los miembros de la Iglesia, nos comprometemos como verdaderos hijos de Dios, lo imitamos en la caridad, que abraza a todos los hombres, y cumplimos el mandamiento de amar al prójimo.

Detestamos, además, todos los pecados y practicamos todos los mandamientos de Dios cuando –al rezar esta oración- nuestro corazón sintoniza con la lengua y no mantenemos intenciones contrarias a estas divinas palabras.

Puesto que, cuando reflexionamos en que Dios está en los cielos –es decir, infinitamente por encima de nosotros por la grandeza de su majestad-, entramos en los sentimientos del más profundo respeto en su presencia y, sobrecogidos de temor, huimos del orgullo y nos abatimos hasta el anonadamiento.

Al pronunciar el nombre de Padre, recordamos que de Dios hemos recibido la existencia por medio de nuestros padres y la instrucción por medio de nuestros maestros. Todos los cuales representan para nosotros a Dios, cuya viva imagen constituyen. Por ello, nos sentimos obligados a honrarlos, o mejor dicho, a honrar a Dios en sus personas, y nos guardamos mucho de despreciarlos y afligirlos.

Cuando deseamos que el santo nombre de Dios sea glorificado, estamos bien lejos de profanarlo.

Cuando consideramos el Reino de Dios como nuestra herencia, renunciamos a todo apego desordenado a los bienes de este mundo.

Cuando pedimos con sinceridad para nuestro prójimo los bienes que deseamos para nosotros, renunciamos al odio, la disensión y la envidia.

Al pedir a Dios el pan de cada día, detestamos la gula y la voluptuosidad, que se nutre en la abundancia.

Al rogar a Dios con sinceridad que nos perdone como perdonamos a quienes nos han ofendido, reprimimos la cólera y la venganza, devolvemos bien por mal y amamos a nuestros enemigos.

Al pedir a Dios que no nos deje caer en el pecado en el momento de la tentación, manifestamos huir de la pereza y buscar los medios para combatir los vicios y salvarnos.

Al rogar a Dios que nos libre del mal, tememos su justicia y nos alegramos, porque el temor de Dios es el principio de la sabiduría: el temor de Dios hace que el hombre evite el pecado.

 

SAN JOSÉ

 

San José

San José, Guardian de Tesoros

En lo personal, San José es el Guardián  de Tesoros por excelencia, ya que fué elegido por el mismo Dios para cuidar y proteger en ésta vida a la “Llena de Gracia” y al mismo Dios Encarnado. ¿Qué puede haber de más valor en la creación entera?? Si mi Padre Dios le ha tenido confianza, creo que nosotros deberíamos de hacer lo mismo ¿no creen?

José significa DIOS ME AYUDA, afirma Santo Tomás de Aquino que “hay tres cosas que Dios no podría haber hecho más sublimes de lo que son: la Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, la gloria de los elegidos y la incomparable Madre de Dios, de quien se dice que Dios no pudo hacer ninguna madre superior. Pero, se puede decir que Dios tampoco pudo hacer un padre más sublime que el Padre adoptivo del Hombre-Dios”.

San Bernardo nos dice: “Ya que todo lo que pertenece a la esposa pertenece también al esposo, podemos pensar que José puede distribuir como le parezca los ricos tesoros de gracia que Dios confió a María, su casta Esposa”.

“Además, en el transcurso de los años pasados en Nazaret, Jesús colmó el corazón de San José con ternura de amor tal como jamás ningún padre creado la sintió ni sentirá, ‘no sólo – como dice el Padre Huguet- para que José lo pudiese amar como Hijo, sino para que pudiese amar a todos los hombres como a sus hijos, pues, del mismo modo que todos somos hijos de María, así lo somos también de San José. (…) Y después de la devoción a la Santísima Virgen, nada hay más agradable a Dios ni más provechoso para nuestras almas que la devoción al santo Patriarca San José'”.

“Cuando Santa Teresa fundó el primer monasterio de la Reforma del Carmelo, le dijo Nuestro Señor: ‘Deseo que sea dedicado a San José y lleve su nombre. Este santo guardará una de las puertas y la Santísima Virgen la otra y Yo estaré entre vosotras'”.

“Otra vez, se encontraba Santa Teresa en una sencilla iglesia de los Padres Dominicos, cuando sintió que alguien le colocaba sobre los hombros un hermosísimo manto. Durante unos instantes, no vio quién se lo ponía, pero poco después reconoció a la Santísima Virgen y a Su bendito Esposo San José. La Santa experimentó en su corazón una gran alegría. María habló y mientras Santa Teresa escuchaba esa voz celestial, tuvo la impresión de apretar en su mano la de la Virgen. ‘Estoy tan satisfecha de que lo hayas consagrado a San José [a su primer convento de la reforma carmelitana] que puedes pedir lo que quieras para tu convento, con la certeza absoluta de que lo recibirás’. Los dos Santos Esposos colocaron entonces en las manos de Teresa una piedra preciosa de gran valor y dejaron a la Santa inundada de la más pura alegría y del más ardiente deseo de ser enteramente consumida por la fuerza del amor divino”.

“Un día, al salir de su monasterio, dos religiosos carmelitas encontraron a un venerable anciano que avanzaba en dirección a ellos. Se puso entre los dos y les preguntó de dónde eran. El mayor respondió que eran Carmelitas.

-Padre- preguntó entonces el desconocido- ¿por qué vosotros, los Carmelitas, tenéis tanta devoción a San José?

El religioso dio varias razones, subrayando principalmente que Santa Teresa había tenido esa devoción y la había inculcado en aquellos que la siguieron. Cuando el padre terminó de hablar, el desconocido dijo:

-‘Hacedme caso y tened a San José la misma devoción que tuvo Santa Teresa; todo cuanto le pidiereis, lo alcanzaréis’.

Y diciendo esto, desapareció”.

No me acuerdo hasta ahora, decía Santa Teresa, de haberle suplicado cosa a San José que haya dejado de hacer.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este Bienaventurado Santo.

No he conocido de persona que de veras le sea devoto que no la vea más aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan.

Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no lo creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción.

Santa Teresa decía también que durante 40 años le ha pedido en la fiesta de San José algún favor especial y no le ha fallado ni una sola vez.

En ésta fiesta de San José ( 19 de Marzo) no dudemos en encomendarle alguna necesidad especial, seguros de su protección, auxilio y cuidado.

Para saber más: www.santisimavirgen.com.ar/san_jose.htm

DESOLADO CORAZÓN DE JESÚS

Consolar al Sagrado Corazón de Jesús

Desolado Corazón de Jesús

” Les ofrezco mi Desolado Corazón para mitigar sus pruebas. Cuando dirigen una petición a Mi Desolado Corazón, sus pruebas se eliminan y también se sosiega Mi Desolado Corazón. Recen de ésta manera:

DESOLADÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS, SUMERGE ESTA PETICIÓN (nombrarla) EN LA PRECIOSA SANGRE QUE FLUYE DE TU DESOLADO CORAZÓN. QUE SE HAGA LA DIVINA VOLUNTAD DE DIOS. AMEN”

Mensaje dado por Jesús a Maureen el 8 de Marzo del 2013

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ORACIONES AL DESOLADO CORAZÓN DE JESÚS PARA IMPRIMIR   Desolado Corazón de Jesús

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